Contra el relato hegemónico del gobierno.

La falta de agua es consecuencia de la falta de inversiones para una obra deficiente.


El monopolio del agua es una estrategia política que le permite al Gobierno Provincial ocultar los vicios de una obra corrompida en su origen, al tiempo que impone contratos leoninos a municipios, volviéndolos acueducto-dependientes.
Decir públicamente que el problema de fondo radica en que el Acueducto del Colorado fue pensado para funcionar de manera complementaria al resto de los sistemas y no como principal, es por lo menos tergiversar el rumbo que marcaron las decisiones políticas.
Al anunciarse la construcción de la obra a cargo del empresario Victorio Américo Gualtieri, la misma iba a llegar hasta General Pico, para proveer de agua al 90% de la población de la provincia. Al mismo tiempo, se abandonaba el Plan Director del Acueducto Anguil-Santa Rosa-Uriburu que solo estaba ejecutado en un 50%, faltando la ejecución de otras ochenta perforaciones y el troncal transportador para las mismas.
Claramente la decisión política fue convertir al Acueducto del Colorado en principal y complementarios el resto de los sistemas, cualquier otro razonamiento es querer tapar el sol con las manos. Pero los defectos recurrentes en la megaobra, obligaron a salir a buscar seudo soluciones que no logran más que confrontar localidades que bregan por la conservación de sus fuentes de agua.
Por otra parte, si bien se observa en el próximo presupuesto provincial, la construcción de una nueva cisterna de 5000 m3 para acopiar agua, la misma goza de una demora que supera los cuatro años, ya que, durante el 2015, el Gobierno Provincial anunciaba para la tribuna el segundo tramo del Acueducto del Colorado hacia la localidad de General Pico (que incluía dicha cisterna) por instrucción directa de la ex presidenta a través del Ente Nacional de Obras Hídricas de Saneameinto (Enohsa).
Lo que nos hubiera salvado no son las perforaciones complementarias en el Valle Argentino; lo que nos hubiera salvado, es hacer las inspecciones de obra por parte del gobierno para no permitir que Gualtieri nos vendiera gato por liebre (salvo que hubiera alguna complicidad para que esto ocurriera), lo que nos hubiera salvado son las obras públicas de calidad, lo que nos hubiera salvado es que se hubiera concluido el Plan Director del año 1982 del Acueducto Anguil-Santa Rosa-Uriburu, lo que nos hubiera salvado es la construcción temprana de cisternas de acopio, lo que nos hubiera salvado es en definitiva, que los decisores políticos concreten las obras sin dilaciones.

Marcos Cuelle. Diputado Provincial UCR.